martes, 20 de noviembre de 2007

Comentarios 4-1

Comentarios a los Grandes Mensajes del
Dr. Serge Raynaud de la Ferriere

Los "espiritualistas" tienen sus "maestros". Los sectarios y los doctrinarios tienen sus "salvadores" y Sus "inspiradores". En realidad empleamos estos términos a falta de otros mejores para expresar nuestro pensamiento; pero en nuestra humilde opinión, estas palabras están explotadas enlodadas, estropeadas, mancilladas o deformadas. "Maestro" ha llegado a convertirse en símbolo de ridiculez, del sentimentalismo morboso, de la mística supersticiosa y del fenómeno extra celeste. En cuanto a la designación de "espiritualista" es casi un término peyorativo.


El Maestro Don José Manuel Estrada insistió mucho en el rescate del prestigio de los Maestros, comenzando por el respeto a los Discípulos reconocidos por el Maestre de la Ferriere, pero sobre todo insistió en la responsabilidad en que incurría un Maestro de Grado superior al reconocer a un Candidato Maestro. Lamentablemente, movidos por condicionamientos de tipo político con tintes religiosos, se han usado los reconocimientos de grados como armas arteras contra la Fraternidad Universal y algunos de sus Maestros. Sin embargo, las Leyes Iniciáticas se siguen cumpliendo y tarde o temprano el proceso evolutivo de la realidad va desechando, a costa de desgaste y sufrimientos lo que no pertenece a la Sabiduría de su plan inmemorial.

Preferimos no insistir para no chocar con las opiniones de nadie, pero muchas veces hemos expresado nuestra opinión a este respecto. La mayoría de aquellos que se dicen evolucionados, pretenden tener sus "gurús" (o Instructores) en lo ¡Invisible! Para asombrar mejor a los pobres de espíritu, lo cual no es en verdad el medio más seguro para no ser engañado. Algunos se pretenden en relación telepática con Iniciados del Tibet, de la India o de Egipto: todos seres etéreos, misteriosos, Etc.… Empero si un genio auténtico aparece, lo niegan, lo persiguen o lo crucifican. Si un verdadero sabio se pronuncia, lo ridiculizan; si un Maestro Verdadero y no ilusorio aparece entre ellos, no sabrán reconocer que su grandeza se mide por su modestia y por su ausencia aparente de poderes supra-humanos; no le comprenderán, no le amarán, no le seguirán...

Cuestiones de cambio y transición. No es fácil pasar del Creer de Piscis al Saber de Acuarius, sin perder la Fe ni la Conciencia que son los elementos necesarios para la Sabiduría. Ese es uno de los problemas en estos tiempos. Parece que hay que elegir entre uno de los dos. Hay algo en nosotros que se puede medir y pesar, aun cuando no sepamos bien que es lo estamos midiendo y pesando. Pero el hecho es que hay algo evidente en nosotros que escapa los aparatos de medir o de pesar y ese algo es lo nos da valor y dignidad. Entonces, hay que tratar de Saber todo lo posible sobre nuestra personalidad humana y seguir buscando lo que da valor y razón de Ser a nuestra persona. Con una actitud así, de un modo o de otro nos encontraremos dentro de la Iniciación.

Un Maestro, dicen ellos, no debería tener más que gestos dulces y palabras de amor. Sin embargo, Jesús trató a sus Discípulos de "raza de víboras" y arrojó a látigo a los mercaderes del Templo; Moisés muere maldiciendo a los suyos. Es más: los cristianos que desde hace dos mil años se dan golpes de pecho ante el crucifijo, si su Salvador regresara, lo clavarían nuevamente en el madero del suplicio con más ferocidad que antes… ¿Puede uno imaginarse lo que es la Ofrenda constante de un Maestro, cuyas vibraciones están totalmente por encima de los planos humanos y que consiente la repetición diaria de los gestos rutinarios de cada individuo? Ellos tienen naturalmente un cuerpo humano, una nacionalidad, una personalidad, una vida que les es propia; pero estas condiciones terrestres o humanas no interesan a nadie. Después de todo ¿qué importa que los Maestros de Sabiduría sean chinos o americanos, de raza hindú o alemana?

A esta necesidad han respondido algunos Seres abnegados y lúcidos, lo mismo que muchos ilusos que pretenden dar respuestas a los problemas espirituales de otros sin resolver antes sus propios problemas por falta de autodisciplina y de humildad para poner en práctica las recomendaciones que desde siempre han dado los Maestros Iniciados.

Hemos señalado la oposición del signo del León en el Zodíaco para quienes conociendo el simbolismo planetario están instruidos acerca del valor de esta posición: el León es el domicilio fijo del Sol, es decir, que el Aguador es el único signo que recibe los influjos vitalizantes solares permanentemente, puesto que el astro rey está frente a "su ventana" brillando constantemente... El Cáliz de que hemos hablado antes es el emblema de la Misión Aquarius, al mismo tiempo que el símbolo de toda la Era. Los Misioneros de esta Orden portan una especie de Cruz de Malta sobre la cual se lee el célebre axioma: SABER — QUERER — OSAR —CALLAR, contenido de grandes Verdades esotéricas; pueden verse además los 4 grandes símbolos de los signos fijos y, en un círculo en medio de los 4 grandes brazos de la cruz, al que convergen rayos que son expresión del Cosmos que lo viene a vitalizar, el cáliz que es un ánfora sobre la cual está el símbolo alquímico de la transmutación.

En efecto, no debe confundirse esta fuerza solar vivificante del León como contraparte terrestre del Aguador, Acuarius, como algo negativo, sino estimulante, como un impulso para que la persona humana tenga el valor necesario para superar la mediocridad y dar primeros pasos en el Sendero de la Iniciación por medio del OSAR-SABER que necesariamente los lleva al SABER-QUERER y SABER-CALLAR finalmente al SABER OSAR para reiniciarse en el proceso de renovación eterno de la vida. El emblema de los Iniciados del Acuarius es un auténtico Mandala o mapa del camino a seguir en la búsqueda del propio Sí o Ser que es el eje o centro de la Persona.

Los Misioneros de la Orden del Aquarius serán símbolos vivientes de esta transmutación, de esta elevación espiritual que permite colocarse por encima de todas las religiones, porque en el fondo la Verdad no es más una doctrina que otra: ella es la pureza misma que no tiene necesidad de defensa. Poco a poco, estos Mensajeros de la Nueva Era aportarán al mundo las concepciones exentas de todo fanatismo; lentamente va a transformarse la manera de ver y se adaptará al mecanismo social una manera diferente de trabajar, de juzgar y de vivir.

Sat Arhat José Marcelli
19/XI/2007 Nueva serie


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